CORRAL Y CHACHO, LOS PAJAROS NALGONES

Gerónimo Stefan

Como siempre ocurre cuando los individuos o las organizaciones pierden de vista la esencia de sus objetivos y se enfocan en lo accidental, el  segmento político de oposición ha perdido la  brújula en lo que hace a manejo de sus campañas, precisamente por enfocar sus baterías a lo intrascendente… a lo accidental.

Desde el inicio mismo de sus campañas, tanto los independientes como los candidatos de algún partido han perdido de vista al elector y sus expectativas, por enderezar su quehacer a golpear a la autoridad en turno que, por lo demás, ya va de salida.

La pobreza de una campaña así llevada, no solamente evidencia un afán de revanchismo económico, político o social, según el caso, sino que genera confusión y niega para el elector la realidad.

A fuerza de negar los logros de una gestión de gobierno, exitosa, como quiera vérsele, los candidatos oposicionistas, sobre todo José Luis Barraza y Javier Corral, quieren ocultar su falta de propuestas serias, no para impulsar un gobierno de mejoría colectiva, sino, al menos, para no perder lo que ya se ha conseguido. Nada pueden decirle al público elector respecto a su gobernante, que no lo hayan dicho sin pasar de ahí.

Otro de los aspectos en que se ha perdido el espíritu de las campañas es en el afán de hacer bola, a lo cual se le llama con el eufemismo de Alianza. Resulta dramático que la nota principal de campaña de uno y otro candidato sea si se unen o no. Tan pobre está el quehacer campañero de la oposición y tan raquítica su lista de seguidores.

El dime y direte que han generado como ruido mediático Chacho Barraza y Corral en torno a una eventual alianza, evidencia dos realidades que estos individuos no alcanzan a ver, cegados como están en sus pobres horizontes.

El intercambio de ofertas de vente tu o me voy yo, tiene mucho de parecido con aquella vieja canción de la jirafa enamorada de un changuito, cuando la jirafa le pidió al mono un besito: o te estiras tu, o me encojo yo…

Pero ni uno quiere estirarse ( o no puede) ni el otro puede encogerse más de lo encogido que está, con una convocatoria tan pobre, al punto de que les hace envidiar la pobreza del otro.

Esto recuerda aquella otra fábula de los sabios indigentes que dice… “Cuentan de un sabio, que un día/Tan pobre y mísero estaba/Que sólo se alimentaba/De las hierbas que cogía…/Habrá otro, entre sí decía, /¿Más pobre y triste que yo?…/Cuando la vista volteó,/Supo la respuesta viendo,/Que otro sabio iba cogiendo/Las hierbas que él despreció”.

En el caso de mutua petición de unión de fuerzas que protagonizan Corral y El Chacho,  se cumple a cabalidad el refrán que dice: el hambre le pide a la necesidad.

Una de las realidades que evidencia este tiroteo de ofertas de adhesión es la certeza de que solos no pueden hacer nada y que acompañados al menos pueden hacer ruido.

Se trata finalmente de ver quien logra más ventajas en la eventual alianza….quien queda mejor posicionado para negociar alguna migaja del poder, conscientes como están ambos candidatos que la gubernatura es algo inalcanzable para ellos, por lo menos en estas elecciones.

La otra realidad que se les escapa pero que es evidente para cualquier persona es que con su constante referencia a los supuestos errores del gobernador y el hecho de darle prioridad a este tema sobre las propuestas de gobierno que pudieran tener, fortalecen la figura del ejecutivo y le dan una categoría de elemento base en su quehacer campañero. Sin Duarte en su discurso, estos candidatos tendrían campañas mudas.

En la historia de las campañas políticas nunca se había visto una figura tan determinante y fuerte como la de Duarte, pues hasta las campañas de puntos tan alejados como Tijuana quieren cobijarse a su sombra.

Así lo evidencia el discurso lastimero y “puñalón” de Julián Leyzaola, frente a un pastel conmemorativo de su desgracia. Allegarse votos de simpatía por compasión es un recurso muy barato, pero algo es algo, para quien ni vergüenza tiene.

Al invitarse mutuamente a  ceder uno en favor del otro para unir fuerzas, los candidatos Corral y El Chacho dejan ver a las claras que no tienen gente. El PAN no da para ganar una campaña tras las desarticulaciones que ha sufrido a causa del mismo Javier Corral y el pseudo bronco de Delicias todavía no convence ni de su independencia, ni de que pudiera ser alguien a quien se le puede confiar el gobierno de un Estado, como se le confío la dirección de una línea aérea.

El desesperado esfuerzo de unión que ya es un grito que acalla otros gritos, es la nota más reveladora de la negación de la propia fuerza. La de Corral y el Chacho sería, si llegara a darse, una alianza de pájaros nalgones… cobardes y gritones.

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