Isaías Brito

La razón de un Coloquio. Para quien aún se preguntaba cual sería el contenido de la plática que Armando Cabada y Javier Corral sostuvieron en días pasados en el aeropuerto, ya no quedarán dudas a partir de la actuación del candidato narco locutor y el tono de su discurso en el debate de candidatos a la alcaldía de ciudad Juárez: Corral estaba enseñando a Cabada que agredir puede rendir mas frutos que proponer.

Un estudiante aplicado. Esto explica que Cabada, desde la entrada misma de su discurso, atacó con todo lo que tenía a su alcance al candidato del PRI, Héctor Murguía y la agresividad de su discurso matizó todas y cada una de sus intervenciones. No había tema que se abordara, que no fuera precedido por un ataque verbal a Murguía. Su propuesta al final de cuentas consistió en una lapidación del dos veces presidente municipal y tres veces candidato. Quienes tuvieron a su cargo en su momento enseñar a Cabada cómo hablar frente al micrófono y sufrieron las de Caín para que el pupilo más o menos “atajara la bola”, ( de burro no lo bajaban algunos)  se admiran de la rapidez con la que ahora Cabada asimiló las enseñanzas de su maestro Corral, en el triste arte de insultar.

De quien vienen. Murguía se mantuvo ecuánime. Apostó a un doble conocimiento: al que tiene la gente de la obra realizada en las dos veces que ha sido presidente municipal y al que tiene la gente del mismo Armando Cabada. Las cosas que se dicen, finalmente, se toman de quien vienen.

Cosecha de Mujeres. Murguía pudo, para responder a las agresiones,  aludir, por ejemplo, al señalamiento que hace la escritora paseña Diana Washington en su libro COSECHA DE MUJERES y que repite el periódico La Jornada, vinculando al apellido Cabada con los feminicidios.

Esto y sus reiterados ataques a la también candidata Lluvia Luna, lo hubieran dibujado como un misógino, muy poco recomendable para gobernar en estos tiempos de enaltecimiento de la figura y el papel de la mujer en todos los renglones de la actividad humana, muy especialmente en el político. Le hubiera desde luego, ganado el repudio de las madres que aún claman por encontrar a sus hijas, desaparecidas en días aciagos.

Correlón. Pudo también Murguía recordarle al sedicente independiente  que en tiempos de álgida inseguridad en Juárez, Cabada tomó sus tiliches y escapó a El Paso, desde donde transmitía todas las noticias de sangre y las primicias que el narco le daba para que sus equipos de cobertura en la calle llegaran antes que nadie a los escenarios del crimen.

Pudo sembrar la duda sobre las razones de Cabada para interponer entre él y su público la distancia de la línea divisoria México-EU, con todo lo que eso comporta. Aquí seguía el ejemplo de Francisco Barrio quien ejecutó al misma fuga, pero a cuenta de una embajada en Canadá. Corral no asomó por aquí ni sus bigotes, en esos días.

Parque Borunda. Cuando Cabada propuso como la gran oferta de trabajo convencer a los dueños de centros comerciales de habilitar espacios de sus estacionamientos para la práctica de algún deporte juvenil. Murguía pudo exigirle que, cuando menos soltara el parque público (Borunda) del que se ha adueñado su familia por décadas, para instalar sus jueguitos mecánicos, de estricta utilidad familiar. Pero no lo hizo y los efectos de eso ya se irán viendo.

Calumnia, y serás plurinominal. Lo que queda de manifiesto en ese agresivo y vacío discurso de Cabada es la alianza que se sospecha entre éste y Javier Corral, en demérito de la candidatura de Victoria Caraveo. Gritar, acusar aún sin el aporte de pruebas ha sido lo que le ha servido a Corral para trepar en la política y éste  hereda el recurso  a su pupilo Cabada.

Chango imitador. Pero en lo que Cabada no ha reparado es que el discurso de Corral es ya cansino y hace tiempo que ha caído en el descrédito. Chango nuevo debería de aprender maroma nueva, pero CABADA prefirió seguir con maromas viejas, a pesar de que éstas ya están muy desgastadas como espectáculo y resultan ineficaces para conseguir algo.

Gobierno no es 44. Gobernar, ya se sabe, no es lo mismo que usar impune e irresponsablemente un micrófono que además siendo propio no hay peligro de perder si no se usa con propiedad. Gobernando Cabada no va a tener quien lo enseñe ni va a haber una multitud de trabajadores que tengan que aguantar su lento aprendizaje. Hacer propuestas no es, ni de lejos, atacar a un individuo que está ya posicionado en el imaginario colectivo. De Héctor Murguía hay ya una concepción clara de lo que es y de lo que no es, que no puede cambiar alguien con una figura tan desaseada y criminal, como es la que tiene Cabada ante el electorado…

Nadie da lo que no tiene. Lo cierto es que lo que dijo, es lo único que puede decir. El vituperio no da para manejar un gobierno, pero eso es algo que no le pudo enseñar Corral, porque su carrera de gritón no le ha dado tiempo a aprender…ni para construir algo más allá de una dudosa fortuna y una carrera política que a otros les daría vergüenza exhibir.

Similitudes. Pero si en algo más coinciden Armando Cabada y su mentor Javier Corral, aparte de su pleito con los candidatos del PRI, son sin duda sus relaciones con el narcotráfico. El primero por su esposa “La China” que estuvo ligada sentimentalmente a varios capos de la droga y el segundo por sus hermanos Roberto y Raúl. No cabe duda que estamos frente a dos pájaros de cuenta urgidos de poder para saldar deudas con el crimen organizado… ni más  ni menos.

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