Si Chihuahua 2027 fuera un concurso de simpatías, Cruz Pérez Cuéllar no sería necesariamente el que más brilla en la conversación nacional. Pero Chihuahua no elige gobernador con simpatías. Chihuahua elige con una mezcla más cruda: estructura, resistencia y capacidad de convertir conflicto en ventaja. Y en eso, hoy Cruz está jugando un partido que muchos apenas están entendiendo.
El error de la mayoría es creer que el 2027 se va a definir por encuestas. Cruz está operando otra lógica: si la elección se vuelve guerra, el que aguanta y responde en tiempo real llega entero al cierre. Esa es la diferencia entre un aspirante y un candidato.
Lo vimos estos días con un episodio que, en apariencia, era un trámite fiscal, pero en realidad fue un golpe político de manual: el pleito por el predial del PAN y del PRI en Ciudad Juárez. La Tesorería municipal activó notificaciones por adeudos históricos y el tema se convirtió en conflicto público. Vanguardia lo reportó como un proceso formal contra inmuebles partidistas por adeudos millonarios. Y el Heraldo de Juárez documentó el giro más interesante: el PAN respondió diciendo que ese adeudo venía de cuando Cruz fue dirigente del partido, es decir, intentaron regresarle el golpe con historia.
¿Y qué hizo Cruz? Lo que hace alguien que entiende política de alto nivel: no se salió del ring. No trató de apagarlo. No lo dejó morir. Lo convirtió en narrativa: consulta ciudadana, discusión pública, exhibición de adeudos y un mensaje implícito brutal: “aquí no hay intocables”. Ese tipo de episodio no se mide por recaudación, se mide por su utilidad electoral: Cruz se posiciona como el que no tiembla cuando se pelea con marcas partidistas. Y en Chihuahua, eso construye liderazgo.
Lo segundo que hizo fue más importante todavía: amarrar la idea de que su gobierno tiene caja. Porque un político sin caja en Chihuahua es un político que dura un mes. Norte Digital publicó hoy que los contribuyentes ya pagaron casi la mitad del predial proyectado para todo 2026 y cita a Tesorería: Juárez prevé 2,636 millones en impuestos municipales en 2026 y señala que desde 2022 aumentaron ingresos propios de 1,571 millones a 2,636 millones en cinco años. Esa cifra no es para presumir contabilidad: es para mandar un mensaje de capacidad. “Tengo recursos, tengo control, tengo estructura”.
Ese control se vuelve creíble cuando hay obra visible, no solo promesa. Y aquí Cruz escogió una jugada que vale por su simbolismo electoral: el suroriente. No el Juárez de postal. El Juárez donde vive la gente que decide elecciones.
La ampliación de la avenida De las Torres no se vendió como pavimentación, se vendió como corrección de una deuda histórica de infraestructura. La Voz de Chihuahua lo describió con precisión: obra estratégica que beneficia directamente a 80 mil habitantes, agiliza el trayecto de 35 mil vehículos diarios y mejora el acceso a 44 centros escolares. El Heraldo de Juárez además reportó inversión de 50.6 mdp y planteó que a futuro se contempla un paso suprimido para optimizar circulación.
Ese tipo de obra no es técnica. Es electoral. Es el mensaje más poderoso que puede mandar un aspirante estatal desde Juárez: “yo no gobiernosolo lo bonito, gobierno lo difícil”.
Y aquí está el punto que vuelve esto un artículo de 2027 y no un reporte de gobierno: Cruz está entendiendo que el estado se va a decidir por emoción y desgaste, y que Juárez es el escenario donde eso se vuelve real. Juárez no vota por discurso. Juárez vota por si su ciudad se mueve, si su colonia existe, si la vida diaria mejora o se pudre.
A diferencia de muchos aspirantes que solo tienen narrativa, Cruz tiene un componente que en Chihuahua decide internas: estructura política abierta. En agosto de 2025 se reportó que habló de organización territorial y estructuras incluso en la capital, como parte de su ruta rumbo a 2027. Y en medios nacionales como Excélsior se ha citado a Cruz hablando ya en clave de 2027, poniendo el tema sobre la mesa en un tono que deja claro que no se está escondiendo.
Eso también es parte del manual: cuando la carrera es inevitable, el que se esconde llega tarde.
Pero lo más interesante de Cruz no es su obra, ni su recaudación, ni su pleito con el PAN. Lo más interesante es su perfil político real: no es un ideólogo de escritorio, es un animal de guerra que ya pasó por distintos sistemas, que conoce Senado, Cámara, partido, campaña, operación y territorio. Y esa experiencia pesa cuando enfrente tienes una competencia interna donde la otra figura fuerte —Andrea Chávez— opera desde otra lógica: narrativa nacional y exposición mediática.
En esa comparación, Cruz tiene una ventaja silenciosa: él no necesita ser tendencia para ser peligroso. Necesita ser máquina. Y una máquina electoral se construye con tres cosas: caja, territorio y capacidad de resistir golpes.
La pregunta para Chihuahua no es si Cruz “suena”. La pregunta es si el estado está entrando a una elección donde valga más el personaje o la máquina. Si el 2027 se vuelve una elección de margen, de operación y de cierre, entonces Cruz se vuelve el tipo de candidato que muchos subestiman al inicio… y terminan enfrentando con miedo al final.
Porque al final, en Chihuahua no gana el más simpático. Gana el que sabe convertir el pleito en fuerza, la caja en obra y el territorio en estructura.
Y hoy, Cruz está haciendo exactamente eso.
