En Ciudad Juárez hay algo que no se está diciendo con suficiente claridad: el problema no es que falte trabajo… es que ya no se siente igual de seguro tenerlo. Durante décadas, la maquila no solo fue el motor económico de la ciudad, fue su garantía silenciosa de estabilidad. Siempre había otra planta, otra línea, otro turno. Hoy esa sensación empieza a romperse. Y cuando una ciudad como Juárez pierde la certeza en su principal fuente de empleo, lo que se mueve no es solo la economía… es el ánimo completo de la ciudad.
El dato duro más importante es que la caída no luce como un bache aislado. En enero de 2026 la industria manufacturera de Ciudad Juárez perdió 1,372 empleos, al pasar de 258,759 plazas en diciembre de 2025 a 257,387 en enero, según la actualización reportada con base en cifras del Inegi. Distintos medios locales y empresariales coinciden además en que la racha negativa ya suma alrededor de 31 meses y que la pérdida acumulada ronda los 67 mil a 69 mil empleos desde mediados de 2023. La cifra exacta puede variar según el corte y la fuente, pero el patrón es inequívoco: no estamos frente a un mal mes, sino frente a una contracción prolongada.
Lo más interesante, y también lo más incómodo, es que esta crisis no encaja del todo en la narrativa clásica de “si hay más exportaciones, hay más bienestar”. El Informe de Economía 2025 de Plan Estratégico de Juárez y Desarrollo Económico de Ciudad Juárez documenta que entre enero de 2024 y septiembre de 2025 las exportaciones IMMEX de la ciudad crecieron 174.95%, al pasar de 3 mil millones a 8 mil millones de dólares, pero en ese mismo lapso se perdieron 27 mil empleos, una caída de 9.58% en el empleo IMMEX. Esa contradicción es probablemente el corazón del artículo: Juárez puede exportar más y al mismo tiempo emplear menos. Eso cambia por completo la lectura de lo que antes se entendía como progreso maquilador.
Ahí está el verdadero desgaste del modelo. Durante décadas, la promesa implícita de Juárez fue simple: la maquila quizá no resolvía todo, pero sí sostenía consumo, movilidad social básica y sensación de que siempre habría una planta contratando. Hoy esa promesa se está resquebrajando. El mismo informe económico de Plan Estratégico de Juárez señala que la automatización podría explicar parte de la pérdida de puestos al mismo tiempo que aumenta la producción de bienes con mayor valor monetario, y Index Juárez ya está llamando de forma explícita a trabajadores y estudiantes a capacitarse en mecatrónica, robotización y automatización porque la industria se está reestructurando hacia procesos mucho más tecnificados.
Eso permite una tesis más fuerte: el problema de Juárez no es solo que la maquila esté perdiendo empleos; el problema es que el tipo de empleo que está sobreviviendo ya no necesariamente es el mismo empleo sobre el que se construyó la ciudad. La ciudad creció con un modelo intensivo en mano de obra. Pero la industria que viene exige menos volumen de trabajadores y más especialización técnica. Para una economía local tan dependiente de la manufactura, esa transición no es neutra: deja fuera a una parte de la fuerza laboral que fue funcional al modelo anterior, pero que no necesariamente está lista para el nuevo.
Además, la ansiedad económica no es abstracta. Ya se está viendo en estampas de calle. El Diario de Juárez reportó en marzo escenas de personas acampando o durmiendo afuera de maquiladoras con la esperanza de conseguir entrevista o vacante, en un mercado laboral que pasó de tener alta demanda de personal a condiciones más restrictivas y menos prestaciones extralegales. A eso se suman los cierres recientes vinculados a First Brands Group: La Jornada reportó que el cierre de Subensambles Internacionales en Juárez dejaría sin empleo a 1,600 obreros y que meses antes ya habían cerrado otras cuatro maquiladoras relacionadas con el mismo corporativo. Esa imagen de trabajadores haciendo guardia o esperando una oportunidad afuera de plantas resume muy bien el cambio de época: ya no domina la lógica de abundancia de vacantes, sino la lógica de escasez e incertidumbre.
Otro punto crucial es que esto no puede leerse solo como un problema local o de mala suerte empresarial. El contexto externo pesa muchísimo. En marzo, EFE reportó que la frontera norte se prepara para los efectos de la revisión del T-MEC y que en Juárez hay preocupación por el impacto de ese proceso en una región profundamente dependiente del comercio trinacional. A la vez, El Heraldo de Juárez recogió la advertencia de que la renegociación o revisión del tratado impacta directamente la estabilidad económica y social de la ciudad por su alta dependencia del comercio internacional. En otras palabras: Juárez está demasiado amarrada al ciclo industrial y comercial de Norteamérica como para absorber sin dolor la incertidumbre geopolítica.
Pero tampoco conviene caer en una lectura apocalíptica. No sería exacto decir que la maquila “se está acabando”. Incluso voces empresariales y de Index Juárez siguen sosteniendo que la industria seguirá siendo bastión económico de la región, solo que con una composición distinta y una exigencia de talento diferente. Además, el propio Informe de Economía 2025 detecta que, aunque la manufactura sigue aportando entre 62% y 68% del empleo formal de la ciudad, el Índice de Diversificación Económica Local alcanzó en octubre de 2025 su nivel más alto en una década, lo que sugiere cierta recomposición hacia comercio, servicios y logística. La lectura fina entonces no es “muerte de la maquila”, sino algo más inquietante: la maquila seguirá, pero quizá ya no alcanzará para sostener sola el equilibrio social de Juárez.
Ese matiz es importantísimo para el artículo. Porque el mejor texto no sería uno que grite “crisis terminal”, sino uno que explique que Juárez está entrando en una transición dolorosa de modelo. Una transición en la que todavía hay exportación, todavía hay industria, todavía hay peso manufacturero, pero ya no hay la misma traducción automática entre éxito industrial y tranquilidad urbana. Por eso la caída de la derrama salarial en maquila también importa: El Diario reportó que entre octubre y noviembre de 2025 la derrama salarial del sector cayó cerca de 8%, algo que según ANIERM impacta el consumo interno. Cuando baja la masa salarial de la maquila, no sufre solo el obrero; sufren los pequeños comercios, los servicios y el pulso económico diario de la ciudad.
Juárez no está viendo desaparecer su industria. Está viendo algo más complejo… y más incómodo: cómo el modelo que le dio estabilidad durante décadas deja de alcanzar para sostenerla. La maquila sigue ahí. Produce más, exporta más, se tecnifica más. Pero ya no integra igual, ya no emplea igual, ya no tranquiliza igual. Y cuando eso pasa en una ciudad como Juárez, lo que empieza a crecer no es solo la productividad es la incertidumbre.
