Hay una pregunta que los empresarios de Chihuahua deberían hacerse frente a la nueva confrontación de CANACO con el resto de los organismos empresariales:
¿Quién está realmente detrás de este enfrentamiento?
Alejandro Lazzarotto merece respeto en su calidad de presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO). Sin embargo, también resulta válido preguntarse si esta confrontación realmente fortalece a los comerciantes que representa o si, por el contrario, termina fortaleciendo intereses políticos de quienes desde hace años conservan una enorme influencia alrededor de la Cámara.
La discusión pública se ha concentrado en una narrativa particularmente sencilla: que “los empresarios quieren utilizar recursos para construirse oficinas”.
Sin embargo, existen datos relevantes que convenientemente han quedado fuera de esa discusión.
Los espacios no se regalarían.
Los organismos pagarían renta.
El edificio quedaría como un activo de Expo Chihuahua.
Los ingresos regresarían al propio fideicomiso.
Y, además, el proyecto fue aprobado institucionalmente por su Consejo.
Con esos elementos sobre la mesa, la discusión necesariamente cambia.
¿Estamos realmente frente a un debate exclusivamente relacionado con transparencia y recursos públicos?
¿O alguien está aprovechando una causa fácil de vender políticamente para volver a enfrentar a CANACO con el resto del sector empresarial de Chihuahua?
Existe además una pregunta todavía más incómoda:
¿A quién beneficia políticamente esta confrontación rumbo al siguiente proceso electoral?
En este escenario aparece inevitablemente el nombre de Maurilio Ochoa.
Ochoa ha sido presidente de CANACO, funcionario público y actor político durante muchos años. Tiene, por supuesto, todo el derecho de continuar participando en la vida pública de Chihuahua.
Pero precisamente por esa trayectoria también resulta legítimo preguntar cuánto peso conserva actualmente en las decisiones y en las posiciones políticas que adopta la Cámara.
El cuestionamiento no implica desconocer la autoridad institucional de Alejandro Lazzarotto.
Al contrario.
El actual presidente de CANACO tiene frente a sí una oportunidad importante: demostrar que las decisiones de la Cámara son suyas, que representan verdaderamente a sus socios y que no responden a proyectos políticos de ninguna otra persona.
Porque detrás de la controversia sobre Expo Chihuahua existe un asunto de mayor fondo: la independencia que deben conservar los organismos que representan al sector productivo.
Chihuahua necesita organismos empresariales independientes.
Del gobierno.
De los partidos políticos.
Y también de quienes alguna vez los presidieron.
