Una escuela rehabilitada y la deuda educativa pendiente en Juárez

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La inversión de 23 millones de pesos anunciada por el Gobierno del Estado de Chihuahua para la rehabilitación de la Escuela Secundaria Estatal 3061, en Ciudad Juárez, no puede leerse como un hecho aislado ni como una nota menor dentro de la agenda educativa. En una ciudad donde el rezago social, la desigualdad territorial y la deserción escolar siguen siendo desafíos constantes, cada peso destinado a infraestructura educativa tiene implicaciones que van más allá del aula.

La intervención en la Secundaria 3061 contempla mejoras integrales en el plantel: rehabilitación de aulas, áreas comunes, servicios básicos y equipamiento. Se trata de una escuela que atiende a cientos de adolescentes en una zona donde la escuela cumple una doble función: espacio de aprendizaje y punto de contención social. Para muchas familias juarenses, contar con instalaciones dignas no es un lujo, sino una condición mínima para que la educación pública sea una opción real y no un trámite obligado.

Esta inversión forma parte de una estrategia estatal más amplia para atender el deterioro histórico de la infraestructura educativa en Ciudad Juárez. A lo largo de 2024 y 2025, el Gobierno del Estado puso en marcha el programa “Juntos Construimos”, con el objetivo de intervenir más de 130 planteles en la ciudad, principalmente en nivel básico. Bajo este esquema, se han realizado trabajos de mantenimiento mayor, rehabilitación de servicios, pintura, impermeabilización, mejoras eléctricas y entrega de mobiliario escolar.

Además de la Secundaria 3061, el programa contempla obras complementarias en otros planteles de Juárez, incluyendo la construcción y ampliación de aulas en centros de bachillerato, con proyectos que se prevé concluir a lo largo de 2026. Estas acciones buscan atender el crecimiento de la matrícula y reducir la saturación en escuelas que operan con grupos por encima de su capacidad.

En conjunto, estas inversiones responden a un problema estructural que Juárez arrastra desde hace años: muchas escuelas públicas operan en condiciones físicas que no corresponden al tamaño ni a la complejidad de la ciudad. Planteles con instalaciones envejecidas, falta de mantenimiento preventivo y carencias básicas se concentran, sobre todo, en zonas con mayores niveles de marginación. En ese contexto, rehabilitar una escuela no solo mejora un edificio, sino que envía un mensaje de presencia institucional en territorios que suelen sentirse relegados.

Sin embargo, el anuncio también abre preguntas necesarias. ¿Existe una planeación de largo plazo que garantice la continuidad de estas inversiones? Juárez cuenta con decenas de escuelas que enfrentan problemáticas similares a las de la Secundaria 3061. La intervención de un plantel debe entenderse como parte de una política sostenida y equitativa, no como una excepción que dependa del calendario político o de la visibilidad mediática.

Además, la infraestructura por sí sola no resuelve los desafíos educativos de la ciudad. La calidad de la educación también depende de factores como la estabilidad laboral del personal docente, programas de apoyo académico y emocional, seguridad en los entornos escolares y acompañamiento a estudiantes en riesgo de abandono. En una frontera donde muchos adolescentes crecen en contextos de alta presión económica y social, la escuela es uno de los pocos espacios de estabilidad cotidiana.

Desde esta perspectiva, la inversión estatal en infraestructura educativa puede leerse como una apuesta estratégica, pero incompleta si no se acompaña de políticas integrales. Mejorar aulas y equipamiento es un paso necesario, pero debe ir de la mano de una visión que entienda a la educación como un eje central para la reconstrucción del tejido social en Juárez.

En una ciudad donde el discurso público suele centrarse en grandes obras urbanas o proyectos emblemáticos, destinar recursos a una secundaria pública tiene un peso simbólico particular. Apostar por la educación básica es apostar por el largo plazo, por generaciones que hoy están en formación y que mañana serán parte activa de la vida económica, social y cultural de la frontera.

Invertir en una escuela no es solo mejorar un edificio. Es tomar una decisión sobre el tipo de ciudad que se quiere construir. Para Ciudad Juárez, el verdadero valor de estos anuncios no estará en el monto ni en el acto protocolario, sino en su continuidad, su alcance y su capacidad para traducirse en mejores oportunidades para quienes hoy ocupan esas aulas.

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