La Navidad que no sale en los discursos: Juárez y sus colectas

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Mientras diciembre avanza y la ciudad entra en la dinámica de las celebraciones de fin de año, en Ciudad Juárez también se activan esfuerzos que no aparecen en los grandes anuncios ni en los discursos oficiales. Son iniciativas impulsadas desde la comunidad que buscan atender una realidad persistente: hay niñas y niños que pasarán la Navidad en condiciones de vulnerabilidad, incluso dentro de hospitales, lejos de sus hogares y de cualquier celebración tradicional.

En este contexto, el espacio cultural Casa Madero organiza por segundo año consecutivo una colecta de juguetes y dulces con un objetivo concreto: llevar un regalo a niñas y niños hospitalizados durante la noche del 24 de diciembre. La iniciativa, coordinada por Bárbara García, convoca a la ciudadanía a donar juguetes nuevos o en buen estado, así como dulces, que serán entregados directamente en centros médicos de la ciudad. Parte de los dulces también se destinarán a los cuidadores de los menores, reconociendo el esfuerzo emocional que implica acompañar a un hijo hospitalizado en estas fechas.

La colecta se mantendrá activa hasta el 19 de diciembre y los donativos se reciben en la sede de Casa Madero, ubicada en la calle Francisco I. Madero número 100, en la zona Centro, en un horario de 10 de la mañana a 8 de la noche. Como parte del esfuerzo, el espacio también realiza una venta de garaje, cuyos recursos se utilizan para completar los paquetes que se entregarán en Nochebuena.

Este tipo de acciones no es aislado en Ciudad Juárez. Cada diciembre, distintos colectivos, asociaciones y grupos ciudadanos organizan campañas similares, desde recaudación de juguetes hasta actividades culturales con fines solidarios. En conjunto, estas iniciativas revelan una dinámica constante: cuando las carencias se hacen más visibles, la ciudad responde desde abajo, sin esperar soluciones institucionales inmediatas.

La relevancia de estas colectas no está únicamente en el número de regalos entregados, sino en el mensaje que envían. En una ciudad marcada por la desigualdad, la precariedad laboral y el rezago social, la solidaridad se convierte en una forma de resistencia cotidiana. El gesto de donar un juguete o un dulce no soluciona los problemas estructurales, pero sí rompe, al menos por un momento, la lógica de abandono que muchas familias enfrentan.

La Navidad, en este escenario, funciona como un espejo incómodo. Mientras una parte de la ciudad celebra, otra atraviesa las fechas con incertidumbre, enfermedad o carencias básicas. Las colectas ponen en evidencia esas brechas y, al mismo tiempo, muestran que existe una red comunitaria dispuesta a actuar, incluso cuando los recursos son limitados.

Para Ciudad Juárez, estas iniciativas recuerdan que la ciudad no es solo un espacio de conflicto, cifras económicas o disputas políticas. Es también un territorio donde la empatía se organiza y donde el cuidado colectivo sigue siendo una respuesta frente a lo que no alcanza. En una frontera acostumbrada a adaptarse y resistir, la solidaridad no es un acto extraordinario, sino una práctica recurrente que, cada diciembre, vuelve a tomar forma en acciones concretas.

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