Cuando muchos analistas hablan de Chihuahua 2027, las miradas se centran en la capital: encuestas, discursos, alianzas, nombres nacionales y locales. Pero hay un truco que repiten una y otra vez, y es un error estratégico que puede costar muy caro: pensar que Juárez no decide.
La historia reciente, el contexto político y las dinámicas internas lo desmienten.
Juárez NO es periferia de narrativa; es motor de decisión
No es casualidad que cuando se menciona a Cruz Pérez Cuéllar se hable de arrastre real en preferencias electorales en todo el estado. Encuestras como la de Polister y otras mediciones lo ubican como uno de los perfiles con mayor preferencia dentro de Morena para la gubernatura, con ventaja de varios puntos en tendencias internas del partido.
Y eso tiene peso porque Juárez aporta no solo votos, sino el latido del ánimo colectivo: ritmo económico, percepción de seguridad, vida diaria, relación con EE. UU., expectativas del futuro laboral y social. Juárez no solo suma números; marca el tono de la elección.
No es que “Juárez vote”, es que su ecosistema político pesa
En varias encuestas estatales, incluido un ejercicio de CE Research en 2025, las cifras mostraban un empate técnico entre Cruz Pérez y Marco Bonilla, alcalde de Chihuahua capital, a pesar de que la capital recibe más atención mediática.
Ese empate técnico es interesante porque rompe la narrativa de que la capital siempre arrastra. Está diciendo una cosa más profunda: Juárez dialoga con el estado, no lo replica.
Además, rankings de aprobación ciudadana de Statistical Research Corporation colocan a Bonilla ligeramente arriba, pero a Cruz muy cerca, lo que confirma que no hay una hegemonía absoluta, sino una competitividad real en dos sentidos territoriales distintos.
La política de Juárez no se replica en la capital
Juárez ha desarrollado una lógica propia. Su política no es un derivado de lo que ocurre en la capital o en los medios nacionales: es propia y puede imponerse.
La narrativa local y las columnas han tenido que ir corrigiendo ese enfoque con el tiempo, justo porque Juárez hoy no replica discursos, evalúa resultados y tiene una visión pragmática de lo que espera de sus autoridades.
Parte de ese pragmatismo lo vemos en temas concretos: desde el reordenamiento urbano que encabeza el propio Cruz Pérez Cuéllar buscando recuperar espacios públicos y ordenar la ciudad, hasta las críticas por obras que algunos ven como domos decorativos en lugar de bacheo —críticas que no desaparecen sino que se suman al discurso de exigencia ciudadana.
El error estratégico: medirlo todo desde la capital
Muchos analistas y equipos políticos todavía creen que tomar ventaja en la capital es suficiente para definir el rumbo estatal. Ese es un error clásico.
Juárez no funciona como un “anexo” electoral, funciona como un centro de gravedad propio. Y en ciclos electorales competitivos eso se nota en:
- Discursos que no calan en Juárez la capitalino-centrados.
- Problemas locales que pesan más que promesas generales.
- Cruz Pérez Cuéllar construyendo posicionamiento desde lo cotidiano, no desde lo abstracto.
- La percepción de que el que gobierna Juárez tiene un “señalador de agenda” potente para la elección estatal.
Esto tiene sentido histórico: Juárez ha sido una ciudad que decide no solo quién gana, sino cómo se define la narrativa pública en periodos clave. Su peso político creció con el tiempo, hasta convertirse en un termómetro real de lo que puede definirse como “el sentir electoral” de la frontera.
Contrastes con Bonilla (sin descalificaciones: hechos)
Marco Bonilla, alcalde de Chihuahua capital, tiene respaldos y cifras sólidas de aprobación (más de 60 % según recientes rankings), y una imagen de gobernabilidad.
Pero Bonilla representa otra lógica política: gestión ordenada, narrativa institucional y comunicación hacia sectores más tradicionales. Eso puede ser una fortaleza en ciertos segmentos… pero no necesariamente conecta con la lógica juarense, que valora decisiones concretas y respuestas rápidas a urgencias urbanas.
No se trata de “mejor o peor”. Se trata de lógicas distintas de poder y de voto.
En Juárez, como en cualquier ciudad al borde de una frontera poderosa y compleja, las expectativas no son pasivas: son reactivas. Se empata el sentir de la calle con la percepción de políticas públicas tangibles. Y eso hace que una figura como Cruz —menos mediática en medios nacionales, pero mucho más presente en el día a día juarense— no pueda ser subestimada.
¿Qué significa esto para 2027?
- Las decisiones, tensiones y dinámicas que ocurren en Juárez no son locales: escalan al estatal.
- El error de pensar que la capital define por sí sola puede llevar a diagnósticos falsos y estrategias electorales desalineadas.
- Bajo escenarios competitivos y con encuestas cerradas, Juárez puede ser el factor que incline la balanza si se entiende como centro de realidad más que como anexo mediático.
- Percepción, operación y respuesta institucional en Juárez traerán eco en toda la elección.
Subestimar a Juárez es subestimar un eje decisivo del tablero político de Chihuahua. No solo aporta votos: define ritmos, urgencias y prioridades. Creer que la capital decide y Juárez solo acompaña es un error estratégico tan persistente como riesgoso.
Y en una elección que se perfila cerrada, ese error puede costar muy caro.
