En Chihuahua ya empezó el 2027, pero no donde todos están viendo. No empezó en los “destapes”, no empezó en la pelea de encuestas, ni empezó en las alianzas que se anuncian con sonrisas y se negocian con colmillo. Empezó donde casi nadie quiere voltear porque no da likes y no da titulares: en el mundo de los operadores invisibles.
Los operadores invisibles son los que no salen en la foto, pero mueven la realidad. Son los que hacen la lista de estructura, los que activan comités, los que movilizan colonias, los que reparten responsabilidades por secciones, los que saben quién participa y quién se queda en su casa. Son la diferencia entre un candidato popular y un candidato ganador. Y en Chihuahua, donde la competencia se decide por márgenes y por ánimo social, eso vale más que cualquier discurso.
Por eso hay una señal que casi pasó de largo y que en realidad explica mucho más del 2027 que cualquier “quién va arriba”. Morena no está esperando el calendario. Morena está construyendo estructura. El Heraldo de Chihuahua reportó que el partido superó su meta de afiliación estatal y llegó a cerca de 290 mil militantes, y que su plan para el siguiente tramo es avanzar en la conformación de comités seccionales rumbo a 2026. Eso no es propaganda, es ingeniería. Eso no es narrativa, es operación.
Y si alguien cree que es exageración, ahí está la otra pieza: en agosto de 2025, Tiempo.com.mx reportó la instalación de comités seccionales de Morena en Chihuahua con un objetivo explícito: fortalecer estructura territorial rumbo a las elecciones de 2027, donde se vota gubernatura y alcaldías. O sea, mientras el resto de la política se entretiene discutiendo “quién podría ser”, Morena lleva meses preparando “quién va a operar”.
Esto tiene una razón simple: las campañas se pueden comprar, la estructura no. La estructura tarda. La estructura se forma, se cuida y se disciplina. La estructura no se improvisa en seis semanas de campaña, sobre todo en un estado tan desigual territorialmente como Chihuahua, donde la capital, la frontera, el corredor industrial y las regiones rurales responden a lógicas distintas.
Ahora, el punto más importante no está en el número. Está en el lugar. El Heraldo de México publicó que más de 160 mil afiliaciones de Morena en Chihuahua corresponderían a Ciudad Juárez, y lo enmarca como fortalecimiento rumbo a 2027. Si Juárez es el motor de afiliación, Juárez es también el motor potencial de operación. Y eso cambia la elección completa, porque Chihuahua no se gana solo con “marca”, se gana con participación y margen. Y el margen suele nacer donde hay músculo para mover gente.
Aquí es donde entra la parte que nadie quiere decir en voz alta, pero todos entienden: la elección no se decide solo con propaganda, se decide con control del terreno. Y Chihuahua trae antecedentes recientes que confirman que el factor “operativo” está más vivo que nunca.
En junio de 2025, La Jornada reportó denuncias sobre presunta manipulación de paquetes electorales y hasta la aparición de cientos de votos hacia los mismos candidatos “con la misma letra” en casillas de municipios de la Sierra Tarahumara durante la elección judicial local. No se trata de convertir eso en verdad absoluta ni de repartir culpas sin pruebas; se trata de entender el mensaje político: cuando el proceso es complejo y la ciudadanía tiene poca claridad, la operación pesa más. Y ahí es donde aparecen los operadores invisibles, para bien o para mal.
En el mismo periodo, el INE informó que recibió 29 quejas relacionadas con los llamados “acordeones” o guías de votación en el proceso judicial federal 2024-2025. También informó que dio vista a la FISEL por denuncias relacionadas con presunta propaganda de este tipo. ¿Qué significa esto para Chihuahua 2027? Que el país ya entró en una etapa donde la discusión electoral se mezcla con herramientas de operación dura: guías, estructuras, organización por secciones, redes de inducción al voto. En ese contexto, quien llegue tarde al territorio llega tarde a todo.
Y aquí es donde se vuelve incómodo para la oposición. Porque la oposición puede estar peleando nombres, alianzas y candidaturas, pero si llega al 2027 con estructura desordenada, dividida o sin gasolina, la campaña se convierte en algo muy simple: una defensa frágil contra una maquinaria aceitada. Nadie se acuerda del mejor discurso cuando el cierre se juega por participación.
Además, la oposición hoy está dando otra ventaja gratis: el desgaste público. Mientras Morena construye por abajo, PAN y PRI discuten por arriba. Y cuando la conversación pública se centra en presiones, ultimátums y pleitos internos, el votante que se mueve por ánimo social escucha lo peor posible: que la política está más concentrada en sobrevivir que en gobernar. Eso no solo daña reputaciones. Eso desmoviliza.
Y la desmovilización es la mejor aliada de quien trae estructura.
Juárez es el punto más delicado de todo esto. Porque Juárez no perdona campañas de oficina. Juárez decide por realidad cotidiana. Seguridad, empleo, servicios, migración, movilidad, vida diaria. Y Juárez tiene un instinto muy desarrollado: detecta cuando la campaña huele a arreglo de cúpula y detecta cuando huele a territorio. Ahí la estructura no es un lujo, es una necesidad. Una campaña sin operadores en Juárez es una campaña que se queda en Facebook.
Por eso el 2027 en Chihuahua no se va a decidir por quién sea el más famoso en enero, ni por quién tenga la mejor foto, ni por quién grite más fuerte en redes. Se va a decidir por quién domine el sistema nervioso del estado: esa red invisible que mueve participación, que organiza secciones, que activa colonias, que sostiene la operación cuando nadie está viendo.
Y hoy, el partido que está trabajando exactamente ahí es Morena. Con afiliación masiva, con comités seccionales, con estructura territorial como prioridad.
La pregunta no es quién va arriba hoy. La pregunta es quién va a llegar con calle. Porque cuando llegue el 2027, lo que nadie ve es lo que va a decidir todo. Y los operadores invisibles ya están jugando.
