Cuando el 2027 se negocia con amenaza

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En Chihuahua la política no siempre se negocia con ideas. A veces se negocia con posiciones, con control… y con miedo. Y lo que ocurrió esta semana entre el PRI y el PAN es un retrato perfecto de esa lógica: la alianza opositora rumbo a 2027 empezó a discutirse en público no como proyecto electoral, sino como mecanismo de supervivencia.

La frase que incendió el tablero no fue sobre seguridad, agua o empleo. Fue esto:

Alejandro Domínguez, dirigente estatal del PRI, dijo que el peor escenario para su partido si no hay alianza es “perder”, pero que para el PAN sería algo mucho más grave: “persecución… que puede derivar hasta la cárcel”.  

Eso no es una metáfora política. Eso es una presión. Y el PAN lo entendió como tal.

La respuesta llegó rápido: Alfredo Chávez, coordinador de los diputados panistas, contestó con una frase que revela el tamaño del golpe: “ni chantajes ni ultimátums”. No es cualquier choque. Es el tipo de fricción que exhibe lo que muchos quieren esconder: que la alianza PAN–PRI en Chihuahua se está negociando menos por convicción y más por necesidad.


Esto no es unidad: es negociación con amenaza

Cuando un dirigente dice “si pierdes te meten a la cárcel”, no está invitando a construir coalición: está recordando quién cree que tiene el botón de pánico. Y cuando el PAN responde públicamente “no aceptamos chantajes”, no está defendiendo un acuerdo; está defendiendo su dignidad interna.

Porque en política, si un partido aparece como rehén, pierde incluso antes de competir. Lo más relevante del episodio no es el insulto o el tono. Es lo que implica:

  • el PRI intenta venderse como indispensable
  • el PAN intenta mandar un mensaje de no sumisión
  • y la ciudadanía escucha lo que nadie quería decir en voz alta:esta alianza no se está construyendo por Chihuahua… se está construyendo por miedo a perder el poder.

La Parada Digital lo dijo sin maquillaje: “chantaje alarmante”

La columna de La Parada Digital no fue neutral: fue un martillazo editorial.

Ahí el episodio se interpreta como el peor vicio de la política local: miedo a perder el poder. Y dentro del mismo texto se coloca una pieza clave para 2027: Tony Meléndez como figura del PRI en la discusión por la gubernatura.  

La Parada lo empuja así:

  • el PRI no gana solo
  • el PAN tampoco respira sin estructura aliada
  • y ambos se estarían protegiendo más que proponiendo

Ese framing es durísimo… pero pega porque conecta con una intuición social muy común en Chihuahua:

,que las alianzas no se sienten como acuerdos para resolver, sino como acuerdos para sostenerse.

Y mientras todo arde, el PRI mueve carta: Tony Meléndez

En paralelo, el PRI empieza a colocar nombre propio: Antonio “Tony” Meléndez. Orus Media publicó que fue “destapado oficialmente” como el aspirante más sólido del PRI rumbo a 2027.  

¿Eso lo vuelve automáticamente candidato? No. Pero sí confirma que el PRI ya está tratando de entrar a la conversación no como acompañante, sino como actor que quiere encabezar.

Y ahí aparece el choque real: si el PRI quiere cobrar caro su alianza, necesita tener candidato que se respete. Y si el PAN quiere mantener control, necesita que el PRI no se sienta dueño del acuerdo.

Maru Campos no va en la boleta, pero va en todo lo demás

Aquí no hay que explicar lo obvio: Maru Campos no va a competir por la gubernatura en 2027. Nadie lo cree. Lo importante es esto: sin Maru no se entiende la negociación del PAN.

Porque Maru es el factor que define:

  • quién se mueve y quién no
  • quién sube y quién se queda
  • si hay alianza con PRI o si PAN va solo
  • qué se concede y qué se exige

Y este choque Domínguez–PAN no es ajeno a esa estructura de poder: es parte de la pelea por el control del tablero.

El dato más peligroso: el discurso ya no es electoral, es de blindaje

La oposición puede querer vender “unidad”, pero cuando el lenguaje público se convierte en “cárcel”, “persecución” y “chantaje”, el mensaje que llega a la gente es otro:

no están hablando de ganar por propuesta, están hablando de perder y pagar costo.

Y ese lenguaje le sirve a alguien: a Morena. Porque Morena no necesita inventar narrativa. Solo necesita apuntar al pleito y decir: “míralos… se están peleando por quién se salva.” Eso es oro político.

El efecto Juárez: aquí es donde la alianza se rompe o se vuelve irrelevante

Chihuahua se decide con Juárez. Y Juárez es el lugar menos tolerante a los pactos que huelen a cúpula. En Juárez, Morena tiene estructura, territorio, operación cotidiana y un alcalde en funciones (Cruz Pérez Cuéllar) que es inevitable en cualquier escenario 2027. Aunque esta crisis sea PAN–PRI, el impacto es directo:

  • si la alianza llega desgastada a Juárez, pierde credibilidad
  • si llega como pacto “por miedo”, se vuelve tóxica
  • si llega dividida, Morena capitaliza

En otras palabras: el choque Domínguez–PAN no se queda en Chihuahua capital. Baja directo a Juárez como narrativa de campaña anticipada.


Conclusión: no es una alianza, es una señal de fragilidad

Lo ocurrido esta semana no demuestra que la alianza esté consolidándose.

Demuestra lo contrario: que está entrando a su fase más peligrosa, donde el socio ya negocia con presión pública y el otro responde con control de daños.

Porque si hoy, en enero de 2026, ya se tiran con palabras como “cárcel” y “chantaje”, imagina lo que viene cuando haya candidaturas, dinero, posiciones y municipios en disputa. Chihuahua rumbo a 2027 no está viendo nacer una coalición sólida.

Está viendo asomarse una realidad incómoda:

la oposición no está construyendo un proyecto… está negociando su supervivencia. Y cuando la política se negocia así, el que gana casi siempre no es el que tiene más ideas: es el que tiene menos fracturas.

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