Cada seis años los partidos cometen el mismo error: creer que la gubernatura de Chihuahua se decide en la conversación nacional.
Se revisan encuestas federales, cercanía con Palacio Nacional, aprobación mediática o posicionamiento en la Ciudad de México. Se habla de alianzas, de estrategias nacionales y de equilibrios partidistas.
Pero la historia política del estado demuestra algo incómodo para todos los equipos de campaña: Chihuahua casi nunca elige al favorito del centro del país.
El estado vota distinto.
En 2010, César Duarte no era la gran apuesta nacional del PRI. No encabezaba proyectos presidenciales ni dominaba la agenda política federal. Su fuerza estaba en el territorio, en la operación regional y en una narrativa local de estabilidad tras años de violencia.
En 2016, Javier Corral tampoco era el perfil preferido del sistema político nacional. Era incómodo incluso dentro de su propio partido. Sin embargo, entendió que el estado quería castigar al poder y convirtió el hartazgo social en una victoria electoral.
En 2021 ocurrió lo mismo con Maru Campos. No era la candidatura más cómoda para la dirigencia nacional del PAN y enfrentaba conflictos internos severos. Aun así, leyó mejor el ánimo del electorado chihuahuense y ganó desde una identidad política estatal propia.
Tres elecciones. Tres perfiles distintos. Un patrón idéntico.
Chihuahua decide mirando hacia adentro.
Y esa lógica empieza a perfilar el tablero rumbo a 2027.
Hoy el PAN vive una disputa adelantada donde Marco Bonilla aparece como el aspirante más visible. Alcalde de la capital, con aprobación local alta y narrativa administrativa sólida, representa continuidad y orden político. Su adelantamiento, sin embargo, también revela el riesgo histórico del panismo: confundir posicionamiento mediático con inevitabilidad electoral.
Porque Chihuahua rara vez confirma al candidato que parece definido demasiado pronto.
Dentro del mismo PAN, figuras como Manque Granados, Jesús Valenciano y otros perfiles institucionales operan en silencio, entendiendo algo que la historia estatal ha demostrado: las sucesiones se resuelven cuando el contexto político madura, no cuando inicia la carrera.
Mientras tanto, Morena vive su propia ecuación.
A nivel nacional, nombres como Andrea Chávez concentran reflectores, cercanía con el proyecto presidencial y crecimiento mediático acelerado. Su presencia redefine la conversación política estatal y modifica expectativas dentro del movimiento.
Pero el patrón histórico obliga a otra pregunta: ¿la narrativa nacional siempre se traduce en voto estatal?
Ahí aparece otro actor inevitable: Cruz Pérez Cuéllar.
Desde Ciudad Juárez ha construido un posicionamiento distinto al de otros aspirantes. Menos centrado en la conversación nacional y más en la administración cotidiana de la frontera. Juárez no es un municipio cualquiera; es el espacio donde se cruzan migración, economía binacional, seguridad y presión social permanente. Gobernar esa realidad genera un tipo específico de liderazgo político: pragmático, territorial y acostumbrado a la crisis constante.
Ese perfil coincide más con el patrón histórico de las gubernaturas chihuahuenses que con la lógica tradicional de las encuestas tempranas.
Por eso el 2027 podría repetir la historia.
No necesariamente ganará quien tenga más exposición nacional.
Ni quien aparezca primero en las encuestas.
Ni quien concentre mayor respaldo partidista inicial.
Ganará quien logre interpretar el momento político del estado.
Porque Chihuahua no vota por tendencias nacionales. Vota por equilibrio interno, por identidad regional y por la percepción de quién puede gobernar un estado complejo sin depender del centro del país.
La verdadera disputa no es entre partidos.
Es entre dos formas de entender la política: la candidatura diseñada desde arriba y la candidatura que emerge desde el territorio.
Si el patrón invisible vuelve a cumplirse, el 2027 no lo decidirán los estrategas nacionales.
Lo decidirá Chihuahua reconociéndose a sí mismo en un candidato.
Y eso, históricamente, casi nunca coincide con el favorito anticipado.
